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Revive la esencia del evento que transformó las calles de La Habana en un museo viviente de elegancia y estilo. La primera edición de Los Clásicos de Cuba fue una celebración sin precedentes. Incontables autos históricos recorrieron las calles de La Habana Vieja, deleitando a espectadores de todo el mundo. Revive esos momentos y siente la pasión que hizo historia.
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Dodge Kingsway – 1958
Ford Model A – 1931
Hillman Minx – 1959
Chevrolet Bel Air – 1957
Ford Model A – 1929
Dodge Kingsway – 1958
El Dodge Kingsway de 1958 se posicionó como una opción de alta valor dentro de la gama Chrysler. Destaca por estar impulsado por el motor V8 "Super Red Ram", una planta de potencia conocida por su excelente equilibrio de potencia y funcionamiento suave. Su imponente carrocería, conservada en un clásico color negro y en condiciones 100% originales, refleja el diseño típico de la época, con grandes dimensiones y generosos adornos cromados.
En el interior, los pasajeros disfrutan de una cabina espaciosa capaz de acomodar cómodamente a seis ocupantes. Los asientos de tela o vinilo y el tablero de instrumentos detallado enfatizan la funcionalidad y la comodidad. Este modelo es popular por ofrecer características encontradas en marcas más premium a un precio más accesible. La suave suspensión y la dirección power opcional hacen de los viajes largos una experiencia placentera.
Su presencia en la carretera es inconfundible, con una parrilla cromada dominante y faros duales. Preservar uno en condiciones completamente originales es un testimonio vivo de la historia automotriz. Por todas estas razones, el Kingsway de 1958 es un clásico muy apreciado para aquellos que buscan autenticidad.
Ford Model A – 1931
El Ford Model A 1931 se estableció como el sucesor que modernizó y salvó a Ford de la obsolescencia del Model T. Su diseño más redondeado y contemporáneo para la época incluye una carrocería en un tono beige muy característico de los años 30. La versión de dos puertas "sin pilar" ofrece un perfil limpio y continuo cuando las puertas están cerradas. La capota de lona negra proporciona una experiencia de conducción versátil, a medio camino entre un cupé y un descapotable.
El corazón del coche es su confiable motor de cuatro cilindros en línea, que se mantiene como el original, entregando alrededor de 40 caballos de fuerza. Su interior está typically tapizado con materiales sencillos pero duraderos. Se mantienen elementos originales, como el volante, los instrumentos y los tiradores de las puertas, que son piezas de diseño icónicas de este modelo.
Preservar un automóvil con un 80% de componentes originales es un testimonio excepcional de su historia y cuidado. Este nivel de autenticidad lo hace extremadamente valioso para los coleccionistas más puristas.
Hillman Minx – 1959
El Hillman Minx de 1959 se posicionó como un coche familiar accesible con un diseño contemporáneo para su tiempo. Su planta motriz es el motor "Serie II" de 1,4 litros (1390 cc), un cuatro cilindros en línea con bloque y culata de hierro fundido que producía alrededor de 49 caballos de fuerza. Este motor es reconocido por su robustez, funcionamiento suave y notable economía de combustible. La carrocería de cuatro puertas tipo sedán presenta una elegante combinación de dos tonos en azul y blanco, con líneas redondeadas que le confieren un aspecto robusto. El interior es un viaje en el tiempo, conservando la tela original a cuadros en los asientos, un patrón textil muy popular en la década de 1950. Elementos como el volante, el tablero de instrumentos y los tiradores de las puertas mantienen el diseño funcional y sencillo de la marca. La experiencia de conducción se caracteriza por una suspensión suave con ballestas semielípticas, priorizando claramente la comodidad sobre el rendimiento deportivo. Este modelo representa la esencia del coche familiar europeo de la posguerra: práctico, económico y duradero. Preservar un ejemplar con todos estos detalles originales, especialmente la tapicería y el motor, es un logro notable para cualquier coleccionista. El Hillman Minx de 1959 sigue siendo, por tanto, un símbolo de una era del automóvil encantadora y sencilla.
Chevrolet Bel Air – 1957
Este Chevrolet Bel Air Hardtop Coupé de 1957 encarna la filosofía "Resto-Mod", que combina la estética clásica con la tecnología moderna. Su perfil es inconfundible, con la línea del techo "Hardtop", las aletas traseras cromadas y una pintura gris plateada que acentúa sus curvas. La modificación más significativa se encuentra en el compartimiento del motor, donde un V8 Corvette LS6 ofrece una potencia y confiabilidad muy superiores a las originales. Este cambio de motor también conlleva mejoras en la transmisión, el sistema de exhauste y la refrigeración.
En el interior, el coche presenta una personalización completa, reemplazando la tela original por una audaz tapicería completa de vinilo rojo. También incluye elementos como un volante deportivo, instrumentos digitales y un sistema de sonido moderno. Las llantas de aleación de 16 pulgadas no solo contribuyen con un estilo contemporáneo, sino que permiten el uso de neumáticos de perfil bajo, mejorando el manejo. Esta combinación de potencia y un chasis actualizado lo transforman en un auto de culto con capacidades que rivalizan con las de un superdeportivo moderno.
Si bien pierde autenticidad, gana inmensamente en disfrute de conducción y presencia. Este Bel Air es, por tanto, la fusión perfecta entre el legendario estilo de los años 50 y el rendimiento del siglo XXI.
Ford Model A – 1929
Este Ford Model A de 1929 encarna la esencia de un "Hot Rod", construido con ingenio y piezas de todo el mundo. Si bien su carrocería sigue siendo reconocible, normalmente sufre modificaciones como cortes y ajustes en el chasis para acomodar los nuevos componentes mecánicos.
El corazón del proyecto es el cambio de motor por uno de Lada VAZ 2107, un cuatro cilindros en línea de 1.6 litros famoso por su extrema robustez y facilidad de mantenimiento. Acoplada al motor va su transmisión manual de cinco velocidades original, que es mucho más moderna que la unidad original del Ford.
El sistema de suspensión neumática, con su compresor y controles en el interior, permite elevar o bajar el coche desde el habitáculo, creando un efecto visual espectacular. Esta transformación estructural implica instalar un chasis muy modificado.
El interior está personalizado con asientos deportivos tipo bucket y una consola de control para la suspensión. Un escape más ruidoso y frenos mejorados son adaptaciones necesarias para manejar la nueva potencia y estilo de conducción. Este coche abandona por completo su valor histórico de coleccionista para convertirse en una expresión pura de la cultura de los automóviles personalizados.
Este Ford Model A de 1929 es, en definitiva, un ejemplo de cómo la creatividad puede unir dos leyendas automotrices muy diferentes en un solo vehículo.
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